Como te conté en el post anterior, el martes pasado fue el 5º cumpleaños de mi hija. 
Supongo que para cualquier niño, el día de su cumpleaños es una fecha muy especial.
Para mi hija además de ser un día especial fue un día muy emcoionante que vivió con toda la intensidad característica de ella y también con nervios .
Ya la noche anterior era incapaz de conciliar el sueño de lo nerviosa que estaba, y al día siguiente se despertó prontísimo diciendo: Es mi cumpleaños, me siento mayor y muy feliz.
Era tan pronto que la intenté, sin éxito, convencer para que se metiera un poco más en la cama, pero no hubo manera. Estuve cerca de dos horas jugando con ella y leyendo cuentos, pero cada vez estaba más nerviosa y quería que toda la familia estuviese despierta para que empezase su cumpleaños de una vez: desayunar, abrir regalos, la celebración por la tarde …..
Pasó toda la mañana entusiasmada jugando con sus regalos y por la tarde nos acercamos hasta un parque cercano a celebrarlo. 
Habíamos preparado una fiesta de pitufos. Colgamos globos, adornos, dibujos y también preparamos una tarta azul que le encantó, porque además es su color favorito. Fue un trabajo en equipo, yo busque cómo hacerla y el papi la preparó. Quedó genial. Y para ella fue una sorpresa ya que no supo nada hasta el final.

También preparamos juegos; hicieron pitufos de plastilina, se pintaron la cara de azul, jugaron al escondite, hicieron pompas de jabón…y lo pasaron fenomenal. 
Además hizo un día buenísimo y todos lo disfrutamos un montón, pero ella especialmente, lo vivió con gran intensidad, disfrutó de cada pequeños detalle y nos dijo una y mil veces lo feliz que se sentía.
Terminamos el día agotados pero pletóricos. En esta ocasión, su elevada intensidad nos hizo disfrutar a todos.