Hoy tenemos una nueva entrevista. Esta vez le toca el turno a Lorena, que nos cuenta cómo la llegada de su segundo hijo puso su vida «patas arriba» .

Aquí la tienes.

Soy Lorena, tengo 36 años y soy una mamá trabajadora de 3 hijos y asesora de lactancia en el grupo de mi ciudad. La maternidad me sorprendió con casi 30 años y descubrí mi gran pasión. Digo que no voy a tener un cuarto hijo pero lo digo con la boca pequeña. A veces pienso si estaré loca… pero como suelo decir: «soy una loca feliz» porque mis hijos me han hecho una persona más feliz y una mujer más completa. La llegada de mi segundo hijo sacudió mi vida y mi ser y por ello  me he encontrado escribiendo las palabras que vais a leer a continuación. Espero que os sintáis identificadas.

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¿Antes de tener hijos, qué pensabas de la maternidad?

Sinceramente, no me lo había planteado muy profundamente. Veía a otras madres con hijos y me cansaba, pensaba que los niños eran algo muy absorbente y que llegado el momento no tendría paciencia suficiente. En lo que a educación se refiere pensaba que los criaría y educaría como lo hicieron mis padres, con firmeza, enseñándoles desde pequeñitos normas y disciplina. Creía que educar era algo relativamente fácil y que a los niños había que moldearlos y dirigirlos para hacerlos «adultos de provecho» (lo leo y no me gusta nada, pero era lo que pensaba…)

¿Cómo cambió tu vida cuándo nació tu primer hijo?

Con él todo fue fácil. Resultó ser un bebé tranquilo, poco demandante, apacible. Gracias a ello no tuve que aplicar muchas de las teorías que por entonces tenía en mi cabeza. Fue creciendo y con él empezó mi cambio de rumbo en cuanto a crianza, poco a poco, me volví más paciente, más respetuosa con sus necesidades. Pero, como digo, con él todo fue fácil.

Como pareja nos volcamos en su crianza, dejamos de hacer algunas de las cosas que hacíamos antes pero sin importarnos, ¡teníamos un precioso bebé al que amábamos! y, en realidad, nuestras vidas no cambiaron demasiado.

¿Qué cosas hacía tu hijo diferentes al resto de los niños?

Y llegó nuestro segundo hijo… Él marcó su camino desde pequeñito, era muy diferente a su hermano y a la mayoría de niños que conocíamos: era un bebé de difícil consuelo, necesitado de contacto permanente, de llanto muy fácil. Sus tomas eran muy irregulares, en las noches tenía múltiples despertares con terrores nocturnos incluidos.

¿Diferente?, no sé, yo lo calificaría de más «intenso», para lo bueno y para lo malo.

¿Cuáles son sus características más peculiares?

Ahora tiene 3 años y 9 meses. Sigue siendo muy demandante. Necesita mucho contacto todavía, le encanta que lo cojamos en brazos muy a menudo, que le demos abrazos, que le hagamos mimos. Duerme con su hermano mayor desde no hace mucho pero acaba casi cada noche en nuestra cama. Él sabe que puede venir sin problemas. Sigue despertándose 1-2-3 veces cada noche, todavía tiene algún episodio esporádico de terror nocturno.

Le cuestan mucho los cambios. No acepta con facilidad sitios nuevos, caras nuevas, cosas nuevas por hacer…

Necesita mucha seguridad, busca siempre a un adulto de referencia y se apega a él.

En la relación con los demás niños llega a ser bastante abierto pero necesita tiempo para abrirse, cuando forma un grupo se aferra a éste y le cuesta cambiar de amigos. En la relación con los adultos es más reservado, llegando a rechazar hablar con casi todo el mundo que le dirije la palabra, a pesar de ser personas que puede ver a diario. Es tímido y sólo se muestra tal y como es en casa, en su intimidad. En los lugares con mucha gente se muestra enfadado y pide irse a casa. Le agobia la multitud, ya sea de niños y/o adultos.

Se enfada con facilidad, mostrando su enojo con gritos o llorando. Suele pedir las cosas de mal humor, sin poder esperar a ser atendido y suele demandar muy a menudo nuestra atención.

Así resumiría su carácter demandante.

Dicho de este modo suena fatal… también tengo que decir que es un niño amoroso, lleno de cariño, afectuoso y que en la intimidad o con su grupo de amigos cuando se siente cómodo, se muestra feliz, risueño, juguetón y zalamero.

Para mí mi hijo, sinceramente, es un encanto (sí, a pesar de la imagen que puede proyectar al exterior)

¿Tenías apoyo de la gente: pareja, familia, amigos…?

Desde que nació mi primer hijo mi apoyo fundamental ha sido mi marido. Siempre digo que vamos al 50%. Tengo mucha suerte. En cuanto a familia tengo a mi padre, él nos ayuda llevando o recogiendo a los niños del colegio cuando nosotros trabajamos, parece poco, pero en una familia con 3 hijos ¡es mucho!, logísticamente, nos viene muy bien.

Mis suegros viven fuera pero vienen alguna temporada a casa y entonces sí tenemos mucha más ayuda.

En cuanto a las amistades podríamos tener ayuda pero mientras podamos nosotros no nos gusta «molestar»…

En general somos de los que pensamos que hemos tenido hijos para disfrutarlos, para estar con ellos, para verlos crecer y educarlos y, aunque el día a día se hace duro (trabajo, casa…) nuestros hijos son nuestros y no responsabilidad de nadie más. Por ello, intentamos cuadrar horarios, trabajos, etc para estar con ellos el máximo de tiempo posible. Siempre. Somos muy conscientes de que los hijos crecen muy rápido y ¡hay que disfrutarlos todo lo que se pueda!

¿El comportamiento de tu hijo afectó a vuestra vida de pareja, a la relación con vuestras amistades, a vuestra vida en general?

Sí, afectó. En primer lugar afectó a nuestra vida de pareja ya que la falta de sueño (que aún hoy arrastramos) fue muy dura en un inicio. Nervios, tensiones, cansancio, incluso discusiones hicieron mella en nosotros.
Tener a un bebé/niño que demanda constantemente tu atención, atención que además tiene que ser compartida con un hermano (cuando nació el mayor tenía sólo 2 años) es muy difícil y más si estás acostumbrado a un niño «fácil» como era el mayor.
Nos costó entender que nuestro hijo era así, que su carácter era demandante, creo que hasta que no lo aceptamos no empezamos a actuar en consecuencia, con más comprensión hacia él, con más paciencia, con más amor. Armas imprescindibles para relacionarte con un hijo de alta demanda, bueno, creo que con todo hijo.

En lo  que a amistades se refiere pues éstas cambian, no las pierdes pero te distancias inevitablemente porque no dispones del tiempo (ni las ganas, porqué no decirlo) que tenías antes. Algunas amistades son nuevas, tiendes a relacionarte con otros padres y madres e intentas compartir experiencias sobre maternidad. Y, con algunas amistades, puedes llegar a entrar en «conflicto» porque tu forma de educar puede llegar a ser muy diferente a la de otros padres.

¿Cómo le afectó la llegada de su hermana?

Creo que no era muy consciente de qué significaba la llegada de su hermanita. Notamos más enfados, mayor demanda por su parte y cuando pudo expresarse al respecto y reconocer sus sentimientos nos aclaró que no quería que el bebé se quedase en casa. Pero ha ido pasado el tiempo (la pequeña tiene ahora 8 meses) y todo se va colocando poco a poco en su sitio. Tengo claro que adora a su hermana, se preocupa por ella, porque no se haga daño gateando, por ejemplo, pregunta dónde está si no la ve… sólo que a veces demanda el tiempo que antes teníamos para él y que ahora tiene que compartir con su hermana, pero eso lo considero algo normal. Lo que sí es cierto es que intentamos estar con él y por él todo lo que podemos e imagino que eso puede haber minimizado los síntomas.

¿Has notado cambios en su manera de ser al crecer?

Sí, claro. Los cambios en él son muy lentos y sólo se producen cuando ha estado bastante tiempo en un estadio anterior, sólo cuando él siente confianza y seguridad da un paso hacia adelante. Y sólo cuando él decide darlo, como tiene que ser. Con el tiempo, poco a poco, se muestra más autónomo, más seguro de sí mismo. Y, ¡a veces nos sorprende muy gratamente! Cuando todo es tan «difícil» cualquier avance es de agradecer profundamente.

Estamos avanzado bastante en el terreno de los enfados.Todavía se enfada con mucha facilidad pero nos está ayudando mucho el hecho de que él pueda expresarse con más claridad cada vez. Validar sus sentimientos y ayudarle a que los exprese está siendo de gran ayuda.

Realmente no queremos cambios para que las cosas sean más fáciles, queremos cambios para que él se sienta más feliz.

¿Qué es lo mejor de tener un hijo de alta demanda?

Que te tienes que reinvertar como madre y como persona. Tu escala de lo que es «normal» de repente se amplia hasta límites insospechados. Tu hijo te marca un camino diferente, por el que no habías andado hasta ahora. Primero te pierdes, te asustas, te desesperas, pero si sigues al niño, le escuchas y valoras, el camino se abre ante tus pies. Nadie ha dicho que sea fácil pero es muy gratificante.

Nuestro hijo nos ha enseñado en estos 3 años muchísimo más de lo que nosotros podamos enseñarle en nuestras vidas. Y el camino no ha hecho más que empezar, es duro, pero emocionante y, personalmente, me siento feliz por haber tenido un hijo como el tengo porque, gracias a él, he descubierto que existe otra manera de hacer las cosas, otra forma de criar y de educar desde el respeto, el amor, la paciencia…

¿Y lo peor?

Que es muy duro. El cansancio, la falta de sueño, la demanda constante… son duros. A veces te desesperas, piensas si todo lo que haces servirá realmente de algo… Quieres cambios rápidos pero éstos no se producen porque con estos niños no se trata de una carrera de velocidad sino de una carrera de fondo. Comparas inevitablemente a tu hijo con otros y te parece que siempre sale perdiendo, olvidas que, como todo niño él es único y especial y son sus detalles los que lo hacen ser quien es y que, por ellos, lo quieres tal y como es.

Personalmente, para mí, lo peor es verlo sufrir. Mi hijo es un niño feliz pero tan extremadamente sensible que todo puede ser motivo de miedo o angustia en él: ir a una fiesta con mucho niños, que un adulto desconocido le hable… Me gustaría que pudiera disfrutar más y ser más despreocupado sólo para que así fuera un poquito más feliz.

¿Crees que tú has cambiado?

Por supuesto. MUCHÍSIMO. El día a día con un hijo de alta demanda es tan intenso que te transforma. A mejor, sin duda, en mi caso. Tienes que poner a prueba tu paciencia, tu empatía, tu psicología… todas las herramientas son pocas.

Como he dicho antes: te reinventas. Relativizas, positivizas y mejoras sin darte casi ni cuenta.

Creo firmemente que gracias a mi hijo y a sus peculiaridades yo soy una madre y una persona mucho más empática y amorosa.

Cuando practicas a diario ciertas cualidades al final las pones en práctica sin darte cuenta porque afloran en ti de una manera mucho más natural. Como esas cualidades son positivas, al final, el cambio es a positivo, sin duda.

Nunca le podré estar lo suficientemente agradecida a mi hijo, de verdad, y ¿no es maravilloso?