Cuando mi hija tenía más o menos 2 años, leí el libro «El niño difícil» de Stanley Turecki.
Tiene algunas cosas que nos pueden servir para entender a nuestros hijos de alta demanda

Por ejemplo habla del carácter, de que es innato de cada uno y que los niños difíciles no se comportan así  a propósito. Muchas veces estos niños tienden a quedar atrapados en ciertos patrones de comportamiento y los padres a su vez dan determinadas respuestas a los mismos comportamientos dando lugar a un círculo vicioso. La interacción negativa agrava las actitudes difíciles. La atención negativa refuerza el comportamiento negativo, lo cual a su vez aumenta la atención negativa.
Cada niño tiene un carácter propio, mezcla de nueve rasgos:
1.- Nivel de actividad
2.- Capacidad de distracción
3.- Intensidad
4.- Regularidad
5.- Persistencia (positiva o negativa)
6.- Umbral sensorial
7.- Aceptación / Rechazo
8.- Adaptabilidad
9.- Humor

Como el carácter es algo innato de cada individuo, no debemos fijarnos en ¿por qué se comporta así? sino, cuando pasa esto ¿cómo expresa su decepción?

Debemos relacionar el carácter con el comportamiento. Si éste deriva de un rasgo de  carácter, el niño no podrá hacer las cosas de otra forma.

Otra cosa son los comportamientos adquiridos, debidos al ambiente, que éstos sí se pueden modificar.

Perfil del comportamiento del niño:
– Desafiante
– Opone resistencia
– Poco atento
– Tozudo
– Tímido
– Especial
– Quejoso
– Interrumpe
– Intrusivo
– Agresivo
– Salvaje
– Impulsivo
– Rabietas
Si encontramos la relación entre estos comportamientos y algún rasgo de su carácter, , nuestra actitud se volverá más comprensiva.

Cuando el niño sea capaz de reconocer algunos rasgos de su carácter, ejercerá un mayor control sobre ellos. 
Un par de consejos:
Hay que hablarles con frases sencillas y amables, estando tranquilos.
Los padres de niños difíciles tienden a olvidar sus propias necesidades y esto no es bueno para nadie, incluído el niño.