Mirando a nuestro alrededor es fácil encontrar las muestras de desapego que normalmente la gente tiene con sus hijos. Por suerte, cada vez hay más mamás y papás que dejan florecer su instinto y se empieza a ver más cariño, más respeto, pero todavía nos queda mucho por andar.
El otro día iba paseando por la calle y junto a mi pasó una familia. El papá empujaba un cochecito de bebé que lloraba sin parar y al lado iba la mamá como si no fuera con ella. El bebé seguía llorando y ninguno de los dos hacía nada.
Mi hija cuando lloraba con ese superllanto ensordecedor, era imposible ignorarla, pero aún así, este bebé con un tono de llanto más «aceptable» estaba pidiendo algo, y yo me sentía mal por no poder hacer nada. ¿Cómo es posible que a su madre no le pasara lo mismo? ¿Tan dormidos tienen los instintos?
Luego mucha gente se queja de que los niños vienen sin manual de instrucciones y que como no hablan no les entienden. Y claro que traen manual, ellos mismos son el manual de instrucciones, y cuando necesitan algo siempre, siempre nos lo hacen saber. Pero claro, para eso tenemos que escucharles y estar disponibles para atenderles. 
Otro día, una conocida me contaba que había vuelto a trabajar toda la jornada (unas 9 horas entre ir y venir), y yo le preguntaba qué tal lo llevaba su niña de 10 meses. Ella muy alegremente me contaba que muy bien, que ninguno de sus hijos (tiene otro de 4 años) le habían tenido apego, así que se habían quedado muy bien sin ella. Yo me quedé sin palabras. ¿Cómo una madre puede decir que su hijo no le tiene apego y sentirse encima feliz?  No lo entiendo.
Mi hija siempre quiere estar conmigo, pegadita a mi a ser posible. Poco a poco va queriendo hacer otras cosas, pero yo soy siempre su punto de referencia. A mi esta dependencia a veces me agota, pero también me encanta. Me gusta saber que soy importante para esa personita que para mi también lo es.
Por eso yo me pregunto ¿Qué le pasa al resto de la gente? ¿Por qué ellos no se sienten felices cuando saben que son la persona más especial para sus hijos? ¿Por qué tienen sus instintos tan dormidos que no consiguen despertarlos? Acaso ¿no se dan cuenta que esta etapa de nuestros niños pasa demasiado deprisa y que todo lo que están sembrando será lo que dentro de unos años recogerán?
Por cierto buscando una foto que ilustrase lo que quería expresar, me he encontrado con esta:

Pobre niño, sin el calor humano de alguien que con mucho amor te está nutriendo con alimento, con presencia y con cariño .  He vuelto a quedarme sin palabras.