Hoy quiero presentaros a una fiel seguidora de Crianza de Alta Demanda, que nos va a contar cómo ha conseguido una perfecta comunicación con su hija mediante signos. Aquí tenéis su relato:

Mi nombre es Débora y el de mi pequeña, Azahara; ella tiene casi veinte meses y aquí os relato parte de nuestra historia:

Cuando ella cumplió cuatro meses acepté que las siestas las echaríamos juntas durante bastante tiempo.
En ese momento comencé a ocupar esos tiempos en ampliar mis conocimientos sobre la infancia y crianza.
Para mi sorpresa y por suerte, encontré información de la que, en mis 19 años de relación con el mundo infantil, entre formación y experiencia, no había conocido nunca antes.
Temas como la higiene natural infantil, la lectura en los bebés, la alta demanda, el baby led weaning o el lenguaje de signos, entraron a formar parte de nuestro día a día.
Otros como el colecho o el porteo ya habían entrado en nuestra vida, de la mano de Azahara.
Como la experiencia que te crea tener un hijo da para escribir un libro, hoy sólo os hablaré de la huella que nos ha dejado el lenguaje de signos para el bebé.


Por mi profesión había empleado, en dos ocasiones este método: con un niño sordo-ciego de 9 años, por unas semanas y con otro autista de 3 años, durante 4 meses.
La primera experiencia me enseñó lo complicado que resultaba aprender tantos signos por obligación y la segunda, lo fácil que era enseñarlo, a la vez q aprenderlo, poco a poco y con tan gratos resultados.
Así que, decidí aplicar alguno que recordaba e inventarme el resto, según los fuera necesitando. También revisé diferentes guías en internet pero la mayoría de los signos no guardaban relación con su significado y me supondría un esfuerzo extra el memorizarlos; los q yo utilizaba, los creaba intuitivamente y no los olvidaba, pronto los hacía míos, los interiorizaba.
Y así empecé a utilizar poco a poco, cada vez más signos al hablar a mi bebé, que,  entonces contaba ya con cuatro meses.

Freedigitalphotos.net

 Comencé con los de uso más habitual para ella, como «comer, jugar, pasear», sin otra reacción por su parte que observarme con sus grandes y despiertos ojos.
A los 4 meses y 3 semanas comencé a practicar comunicación de la eliminación o higiene natural infantil y, ese mismo día, por la noche, hizo su primer signo, relacionado con ello; pidió «pipí».
Yo tuve que preguntar a mi marido y esperar a que lo repitiera tres veces para confirmar que no eran imaginaciones mías o amor de madre…
Desde ese día, para avisar de que tenía su pipí, cada día varias veces, repetía su signo, que consistía en tocar varias veces el lateral de su pañal.
Imaginaos la doble satisfacción que como madre sentía, por un lado su primer signo y por otro, había conseguido, con mi bebé de menos de cinco meses, un nivel de comunicación que ni siquiera sabía que existía, extasiada estaba yo. 


Desde ese momento y hasta los nueve meses y una semana no incorporó ningún nuevo signo, supongo que por no necesitarlos y por su limitación motriz, debido a su corta edad.
Así, su primer signo después y modificado por ella, fué «música». Le encantaba que le pusieranos música a todas horas y de pronto, empezó a pedirla.
Lo siguiente en signar fue «pájaro», pues adora a los animales. Para ello utilizó el mismo signo que para «música».
Sucede como con el lenguaje, un mismo signo se puede corresponder a varios significados y los entiendes según el contexto donde los emite.
Por ejemplo, la palabra naranja corresponde tanto a la fruta como al color.
Evidentemente si ves una bandada de pájaros y hace el gesto, sabes que se refiere a ellos mientras que si estamos en casa, junto a la cadena músical, lo que quiere es que le pongamos música.
Es curioso porque hoy en día lo hace con las palabras también; como sólo sabe decir «luna», lo emplea también para referirse a «estrellas» y «sol», todo son «luna».
Lo siguiente en emitir fue «pecho», esta vez como yo se lo había enseñado…
Y así, fue aprendiendo, modificando e inventando signos, hasta llegar a reproducir 57 acciones o palabras en forma de signos y tan sólo 8 palabras habladas. Este es el primer registro que conservo. 


Bueno y actualmente, con casi veinte meses ya habla bastante, repite todo pero aún hay muchos signos que sigue haciendo, por ejemplo «gracias», que aún no lo dice, creo que por vergüenza …
Y para quien piense que puede retrasar el lenguaje oral, se ha estudiado y no es así.
Yo no puedo saber si hubiera hablado antes si no llegamos a utilizar los signos pero algo me dice que no, pues lo que mejor se le dan son las palabras cuatrisílabas y eso que no dice otras más sencillas. . .
Hasta ayer no había dicho «sí» y sin embargo dice «caballito», «la lavadora» o «hasta-mañana»…
Sinceramente, aunque hubiese supuesto algún retraso en la producción, creo que habría merecido la pena todo lo demás …
Decir que, aparte de la satisfacción personal que me suponía cada avance, es increíble lo útil que, para cualquier bebé, resulta la comunicación por el lenguaje de signos antes de la adquisición del lenguaje oral.
Ni que decir tiene, cuando se trata de un bebé de alta demanda. Innumerables las rabietas que hemos evitado, los dolores y miedos en que la hemos podido aliviar, al conocerlos, el encaminar su educación hacia sus gustos, haciendo esta más efectiva, ampliando la información que le proporcionabamos según sus intereses. . . Y sobre todo, ademas de nuestra felicidad por ello, la felicidad que le hemos podido proporcionar al conocer sus gustos y preferencias en cada minuto, pudiendo amarla aún más…


También pasas ratos de apuro, cuando no recuerdas un signo que has inventado o ella ha modificado o cuando se los inventan totalmente y hasta que logras descifrarlos…
Pero siempre es tan gratificante… Yo lo aconsejo a todo el mundo, partiendo de que es tan sencillo como cuando al hablar apoyamos nuestras palabras con signos, por ejemplo, cuando decimos «ven» y movemos la mano hacia nosotros o decimos «muy bien» mientras aplaudimos … es como si siempre le hablaramos al bebé de manera exagerada y teatral, es decir, apoyandonos en los signos.


Para cualquier duda, quedo a disposición de quién lo necesite.
Y no incluyo más ejemplos, datos, vivencias y emociones para no hacer esta lectura interminable, pero de verdad, es una experiencia increible.


Débora Álvarez