Últimamente he estado un poco desaparecida por el blog, y es que en mi casa estamos en continua adaptación y si a eso le sumamos que he estado liada con multitud de proyectos este mes, pues apenas me quedaba tiempo para más. Pero eso se acabó, me he puesto las pilas para volver a reorganizar todas nuestras vidas porque lo que nos valía ayer ya no nos sirve hoy.
 
¿Qué es lo que está motivando tantos cambios? Pues casi todos están promovidos por mi hijo pequeño que hoy cumple 17 meses.
 
Ese pequeñín que hace solo unos meses era un bebé tranquilo y adorable ha dado paso a un niño igual de adorable, incansable por explorar el mundo a conciencia, testarudo a más no poder y muy celoso de su hermana.
 
Debo reconocer que esto último me ha sorprendido mucho, porque siempre que la gente habla de celos parece que se refiere a los celos de los hermanos mayores, o por lo menos así lo había entendido yo, pero en mi casa no es del todo así.
 
Mi hija mayor adora a su hermano y casi siempre le incluye en su juegos, he dicho casi siempre, cuando quiere jugar sola solemos tener una pequeña batalla en casa. A veces veo que se siente sola y que echa de menos los largos ratos en exclusiva que antes tenía, pero nada exagerado. Unos pequeños celos del todo comprensibles.
 
Mi hijo pequeño adora a su hermana. Cuando se despierta lo primero que hacer es llamarla y cuando la ve, lanza una sonrisa de oreja a oreja. La busca para jugar, para que le lea cuentos, y juega con ella, a veces aunque no le hayan invitado a hacerlo. Pero, y esto es lo que más me sorprende últimamente me reclama muchísimo más que antes, quiere estar sentado siempre encima de mí, en mis brazos, entre mis piernas…..es como si quisiera disfrutar de esa exclusividad que él nunca ha tenido.
 
Esto produce muchos sentimientos en mi casa:
 
En mi hija, que no la hago caso, porque su hermano literalmente no me deja. Hay veces que incluso si me siento con ella o la doy un abrazo, viene él llorando desesperado y no se calma hasta que le cojo.
 
En mí, una sensación de agobio porque de repente no puedo hacer muchas de las cosas que hacía antes o no de la misma manera.
 
En mi hijo, que ahora llora mucho más que antes porque no siempre le puedo atender cuando él quiere, es decir: YA.
 
Y es que su nivel de urgencia, de demanda y de intensidad ha aumentado hasta el punto de que el otro día no sabía quién de los dos me estaba reclamando y es que usan el mismo tono de voz, el mismo tipo de llanto, lo hacen todo tan igual que tengo la sensación de que se ha vuelto de alta demanda por imitación. Y es que imita absolutamente todo lo que hace su hermana.
 
Por suerte eso también tiene un punto a favor y es que también imita todas las palabras que dice su hermana, así que ya tiene un amplio vocabulario que además utiliza casi siempre de manera adecuada.
 
Así que viendo el cambio experimentado en el último mes en mi casa, me veo obligada una vez más a reorganizar todas nuestras rutinas para adaptarlas a que todos los miembros estemos lo mejor posible.
 
La clave está en ser flexible y estar atentos a las necesidades familiares.