Después de unos cuantos años, por fin puedo decir que dormimos en brazos de Morfeo.

Salvo contadas ocasiones mi hijo pequeño ya duerme la noche del tirón, pero ha sido un largo camino en el que el tener la información en mi poder ha sido fundamental.

Antes de ser madre no sabía nada de niños, y lo poco que había visto era que los niños comían, dormían y paseaban tranquilos en sus cochecitos.

Imagínate con esas expectativas, lo que supusieron los primeros meses de vida de mi hija. Ella no dormía apenas por el día y por la noche no era mejor. A los múltiples despertares se le sumaba el que solo dormía pegada a mí.

Por suerte siempre he sido muy curiosa y ávida lectora de libros, así que enseguida empecé a leer todo lo que encontraba relacionado con el sueño. Incluso por mis manos pasaron algunos libros con métodos conductistas que me invitaban a dejar llorar a mi hija, cosa que mi instinto me dijo que eso no podía ser bueno y rechacé en cuanto lo leí.

Así leyendo y descartando llegó a mis manos el libro de la psicóloga Rosa Jové: «Dormir sin lágrimas» y lo leí de cabo a rabo.

El entender las fases de sueño de los niños, la función de los despertares y el porqué estos se producen, me ayudó a mucho a relativizar, a buscar soluciones para estar más cómodos en el proceso: el colecho, para atenderla lo más rapido posible y no llegar a despertarnos del todo y la lactancia que produce triptófano que ayuda a conciliar el sueño. El saber que era totalmente normal que mi hija despertase tan a menudo y que en algún momento eso iba a cambiar me dió mucha tranquilidad.

De esa manera, con la información en mi poder, no me fue tan difícil sobrellevar los múltiples despertares. De hecho he comprobado que casi todas las madres tenemos una capacidad de adaptación enorme y somos capaces de despertar mil veces por la noche y al día siguiente estar frescas como una lechuga.

Mi hija durmió por primera vez toda una noche seguida alrededor de los dos años, pero solo de manera esporádica. Después estuvo más o menos un año alternando días del tirón con días de múltiples despertares hasta llegar a los tres años en los que ya empezó a dormir seguido, aunque siempre lo ha hecho y aún lo hace de una manera inquieta.

A mi hijo le ha costado un poco más  dormir su primera noche del tirón, sin embargo luego no ha tardado tanto en alcanzar esa continuidad, y hoy con dos años y ocho meses puedo decir que por fin dormimos en los brazos de Morfeo.  Y cómo lo disfrutamos!!!!!

Así que si ahora mismo estás en una etapa de muchos despertares y no ves la luz al final del túnel, no desesperes, antes de que te des cuenta tú también disfrutarás de largas noches de plácido sueño.

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