Cuando yo era pequeña, mi madre y las madres de mis amigas se ocupaban de la casa y de cuidar de los hijos. Muy pocas madres en esa época trabajaban fuera de su casa.
Cuando llegué a la adolescencia ya empezaba a verse como algo normal el que la mujer saliera de su casa para trabajar y realizarse. De esa manera se igualaba al hombre.
Cuando yo me incorporé a la vida laboral, eso ya era lo habitual, y ninguna chica a mi alrededor se planteaba otra cosa que trabajar, yo incluída.
Años más tarde nació mi hija y mi vida dió un giro de 180º. Todo lo que conocía dejó de tener sentido para mí y mis prioridades cambiaron por completo. Mi hija era una niña de alta demanda que me necesitaba las 24 horas del día y yo no concebía mi vida separada de ella. Quería estar con ella todo el día y eso ya no era compatible con una larga jornada de trabajo. Me veía en la difícil situación de tener que elegir entre mi hija y mi profesión. Como si fuese imposible hacer las dos cosas.
 
Con mi segunda maternidad se han despertado en mí muchas inquietudes, muchas inteligencias que tenía dormidas y que están cambiando el esquema de mi vida. Ahora sé que no quiero renunciar a nada. Sé que es posible compatibilizar mi deseo de estar con mis hijos con mis ganas de emprender proyectos que me hagan sentir realizada. 
 
Y no solo soy yo, sino que hay toda una generación de mujeres y también de hombres que están cambiando sus esquemas mentales y por tanto sus vidas y las de sus hijos.
 
 
Justo ahora me estoy leyendo un libro que habla de todo esto. El libro se llama «El ombligo de Atenea» y está escrito por la psicóloga Mónica Álvarez.
 
En él habla de la mujer del siglo XXI y de cómo tenemos que recuperar nuestro poder natural y hacer uso de él. 
 
A través de los arquetipos de las diosas griegas va explicando las diferentes fases de la mujer de hoy en día.
 
Un libro muy ameno y recomendable que te hará reflexionar.